martes, noviembre 01, 2005

Thought

Si bien hay muchas personas que reniegan con estas fechas, que no les gusta festejar la llegada de otro año más o que simplemente no quieren cumplir años, a mí personalmente me encanta y pienso que es una excusa linda para partusear. Recibo el triple de cariño que recibo diariamente, recibo un montón de regalitos -que no necesariamente son materiales- y recibo al otoño que me encanta. A las 0:00 hs. empiezo a atender el teléfono que no para de llamar (la primera siempre es mi abuela, que le gana a los demás, le siguen mis tíos, mis primos, mis amigas), mi papá religiosamente procede al tirón de orejas al que siempre respondo pidiéndole que no sea tan bruto y año tras año se esmera en hacerlo con más fuerza, mi hermano me regala LA carta del año y me trata durante ese día como nunca lo hace durante el año, mi mamá me abraza y me empieza a besar por toda la cara sabiendo que es a la única que se lo permito. Quizás aparece o llama alguien a quien no vi por décadas pero me gratifica que se siga acordando (aunque sea una vez cada 12 años). Cada 21 de Marzo siento que el aire que respiro es distinto y esa sensación se reafirma con el correr de los años, siento que es mi día, sólo mío, no importa el resto de la gente. Me gusta darme cuenta del cariño que me tienen ciertas personas y darme cuenta de que es fiel y no por compromiso.

Hoy se me vino a la mente el viernes 21 de Marzo de 2003. Cumplía 18 y esperaba, como cada año, ansiosa el festejo de mi cumpleaños. A la tardecita empezó a llegar la flia y a embarullar toda la casa, la música, obviamente, era la elegida por mí y era a la que mi papá le bajaba el volumen cada 5 minutos (cuanto más viejo peor). Más a la nochecita llegó el otro contingente de gente (léase amigos, más familiares, más amigos). Siempre están todos desparramados por toda la casa y creo que el único momento en el que se los ve a todos juntos es cuando se apagan las luces y mi mami trae la torta (que se pasó haciendo durante todo el día anterior y que es la más rica del mundo). Como si tuviera Alzheimer, unánimemente, me recuerdan que pida los tres deseos y yo confiada en que se van a cumplir y demostrándolo con la sonrisa de oreja a oreja los pido asegurándome de que realmente es eso lo que quiero pedir.
Al sábado a la noche siguiente nos volvimos a juntar con mis amigos ya que mi casa quedaba vacía, al grito de "úsenme, úsenme" y libre para otra party más desenfrenada. Saqué el equipo de música afuera, elegí mis cds predilectos, reemplazé un par de lamparitas que estaban quemadas, compré "algunas" bebidas y zahumerios para prender por todos lados y de paso ahuyentar a los mosquitos que se babean en cuanto me ven. Bailamos, cantamos, saltamos, nos reímos, brindamos, jugamos y no paramos un minuto de divertirnos. Esa noche fue una de las mejores noches de mi vida.
Definitivamente la incluyo en mi listita que ojalá espero que sea larga, larguísima.



2 comentarios:

Angelina 2.0 dijo...

Yo les tengo miedo a mis cumpleaños, siempre pasa algo...

Anónimo dijo...

se hacen el festìn Gaya